Música antigua del Japón en el Castell de Capdepera, a cargo de Rodrigo Rodríguez

Música antigua del Japón en el Castell de Capdepera, a cargo de Rodrigo Rodríguez

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El pasado 3 de octubre, el Castell de Capdepera acogió una singular aproximación a la música antigua del Japón de la mano de Rodrigo Rodríguez, en un concierto dedicado al shakuhachi, la tradicional flauta japonesa de bambú.

En el marco austero de las murallas, el instrumento desplegó una sonoridad esencial, donde el aliento, la resonancia y los matices tímbricos adquieren una dimensión tan importante como la propia nota. La interpretación de Rodríguez, vinculada a la tradición recibida del maestro Kohachiro Miyata, puso de relieve la extraordinaria modernidad de una música concebida desde la escucha y la contemplación.

El programa ofreció un recorrido por distintas expresiones del repertorio tradicional japonés, con obras de gran profundidad espiritual y musical, como Tsuru no Sugomori, pieza evocadora que remite al universo de las grullas y a su simbolismo en la cultura japonesa; Tamuke, una composición de carácter meditativo asociada a la ofrenda y la memoria; y Daha, que permitió apreciar las posibilidades expresivas del shakuhachi. Estas interpretaciones mostraron la riqueza de una tradición en la que cada inflexión del sonido y cada respiración forman parte esencial del discurso musical.

El repertorio incluyó también Esashi Oiwake, vinculada a la tradición popular japonesa, y Kariboshi Kiriuta (刈干切唄), una célebre canción folclórica tradicional (min’yō) que Rodrigo Rodríguez interpreta tanto en sus conciertos como en sus grabaciones. Esta última pieza acercó al público a otra dimensión de la música japonesa, en la que las melodías transmitidas de generación en generación conservan la memoria de la vida cotidiana, el trabajo y el paisaje rural. Su presencia en el programa puso de manifiesto la amplitud expresiva del instrumento, capaz de transitar desde la introspección espiritual hasta la fuerza evocadora de la canción popular.

El shakuhachi, históricamente asociado a las prácticas meditativas de los monjes zen de la tradición Fuke, trasciende su condición de instrumento musical para convertirse en una herramienta de exploración del aliento y de la atención. Su sonido, a veces frágil y susurrante, otras veces intenso y penetrante, exige una escucha activa y permite descubrir matices poco habituales en otras tradiciones instrumentales.

La interpretación de Rodrigo Rodríguez, fruto de su conocimiento de este repertorio y de su vínculo con la escuela del maestro Kohachiro Miyata, propició una experiencia musical alejada de los códigos habituales del concierto occidental. La austeridad de los medios y la libertad expresiva del soplo crearon una atmósfera de especial concentración, en sintonía con el carácter histórico del recinto.

El encuentro tuvo, además, un notable interés musicológico y cultural: una tradición japonesa secular resonó entre las piedras medievales de Capdepera, estableciendo un diálogo natural entre dos mundos aparentemente distantes. La arquitectura defensiva del castillo, marcada por el paso del tiempo, ofreció un marco especialmente sugerente para una música que encuentra en la sencillez, la memoria y la resonancia algunas de sus señas de identidad.

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