Entrevista a Samira Kadiri, cantante: «mi voz intenta cruzar las culturas del Mediterráneo»
Samira Kadiri es una de las voces líricas más sobresalientes del panorama actual del norte de África. Su carrera profesional le ha llevado a numerosos países árabes y europeos cosechando un gran éxito entre los distintos públicos.
Kadiri es miembro del Consejo Nacional de Música de Rabat de la UNESCO y, en el ámbito académico, su labor investigadora se centra en el repertorio lírico y musical mediterráneo, destacando por sus interpretaciones en lengua árabe y la recuperación del patrimonio musical en lenguas antiguas olvidadas, siempre desde la perspectiva de una cantante de ópera.
Este agosto Samira Kadiri ha actuado junto con el Ensemble Andalusí en el Festival de Música Antigua los Pirineos (FeMAP 2026) presentando el programa «De Las Alpujarras a Arafat. Cantos sagrados entre oriente y occidente».
Alguna vez se ha definido como «voz mediterránea», ¿cuál es el papel del mar Mediterráneo en la música que interpreta? ¿Cuál es la relación entre ambos?
Me defino como «voz mediterránea» porque mi especialidad es el canto y la investigación de los cantos del Mediterráneo que se inspiraron en el espíritu de Al-Ándalus.
No me centro solo en la música andalusí. Mi voz intenta cruzar las culturas del Mediterráneo. Por eso trabajo en crear un puente: unir y mezclar la música andalusí con las músicas del resto del Mediterráneo. El mar para mí es eso: un lugar de encuentro donde las melodías viajaron, se mezclaron y sobrevivieron.
¿Cómo se inició en este género de la música andalusí? ¿Qué es lo que más le atrajo de estas formas artísticas?
Me inició la infancia. En mi país de Marruecos la música andalusí se respira en las paredes, en las bodas, en el silencio después del adhan. Lo que más me atrajo fue su disciplina espiritual. No es solo técnica. Es un camino de escucha, de respeto a la palabra y de conexión con algo más grande.
Combina su carrera como cantante con una faceta académica como musicóloga e incluso dirige la compañía teatral Trouppe Régionale du Théâtre de Tanger-Tétouan. ¿Cómo consigue compaginar tanta actividad? ¿Cómo interrelaciona sus distintas facetas profesionales?
Para mí no son facetas separadas. Son dos formas de servir a la misma música. Como musicóloga, investigo la raíz, y como cantante la hago respirar. Actualmente mi relación con el teatro pasa por la ópera en árabe clásico. Me interesa ese cruce entre la voz, el texto poético y la escena.
Usted defiende que existe una estrecha relación entre las formas musicales de las tres culturas que convivieron en la España medieval…
Sí. En la España medieval judíos, cristianos y musulmanes compartieron modos, instrumentos y poesía. El laúd, la vihuela, el neuma… se hablaban entre ellos. Esa convivencia creó un lenguaje musical único. Hoy, cuando lo interpretamos, estamos recordando que la diferencia también puede ser armonía.
¿Cómo ha sobrevivido o evolucionado la música andalusí hasta el presente? ¿Puede verse su rastro en las distintas orillas del Mediterráneo?
Ha sobrevivido porque se guardó en el corazón de las familias de todo el Mediterráneo. Y ha evolucionado porque se mezcló.
Yo trabajo precisamente en esa evolución: en buscar el rastro andalusí en las otras orillas. Lo encuentras en el flamenco, en la música sefardí, en el canto popular de Grecia, de Italia, del Magreb. Mi trabajo es tender esos hilos invisibles que unen todas las músicas que bebieron de Al-Ándalus.
Háblenos un poco del repertorio que han interpretado en FeMAP 2026.
Hemos presentado «De alpujarras a Arafat cantos Sagrados». El corazón del proyecto son los textos sufíes moriscos olvidados rescatados de manuscritos escritos en aljamiado.
Es un viaje espiritual que va desde las montañas de Granada, Alpujarras, Al-Ándalus, hasta las montañas de Arafat en La Meca.
Lo más importante para mí ha sido el colorido lingüístico y melódico. Canté en árabe clásico, en castellano, en español aljamiado y en gallego-portugués. Esta mezcla es intencionada. Quiero que el oyente sienta que el lenguaje del corazón trasciende cualquier idioma. Que, al final, todas las lenguas se unen y el público escucha con el corazón.
¿Cómo conectan esos sones originarios de la Edad Media con el público actual? ¿Cómo es la reacción de los asistentes a los conciertos?
Porque hablan de lo que seguimos sintiendo: amor, pérdida, fe, búsqueda. El público de FeMAP es muy sensible. Lo notamos en el silencio. No aplauden por compromiso, aplauden porque algo les ha tocado dentro. La música antigua, cuando es honesta, no envejece. Se vuelve urgente.
¿Qué le gustaría que se llevase consigo el público de sus dos conciertos en el FeMAP 2026?
Me gustaría que se llevasen paz. Y la certeza de que la música es un poder suave que une a las personas a pesar de las diferencias y repara lo que a veces la política no ha podido reparar.
Y que se llevasen el eco de esos textos sufíes moriscos que casi se habían perdido. Que sientan que cuando cantamos en árabe, en castellano o en aljamiado, en el fondo estamos diciendo lo mismo: buscar la paz, el amor y el encuentro.
¿Qué planes tiene a medio plazo, tanto en el terreno artístico como en sus otras dimensiones profesionales?
En lo artístico: seguir investigando y grabando el repertorio femenino andalusí y llevar de gira el proyecto «De las Buenas Nuevas a Arafat».
En lo académico e institucional: tengo la ilusión de desarrollar un proyecto de investigación y patrimonio junto a la Academia del Reino de Marruecos, que es la institución más importante de mi país para la preservación de la memoria.
En lo formativo: me gusta compartir mi experiencia. Imparto masterclasses para jóvenes interesados, no solo en Marruecos, sino también en universidades, facultades e instituciones de otros países árabes y europeos. Para mí es fundamental transmitir esta memoria viva a las nuevas generaciones.


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