Las suites para viola da gamba de François Couperin
François Couperin. Pièces de violes avec la basse chiffrée (1728)
La Bellemont
Challenge Records
El de François Couperin es sin duda uno de los más grandes nombres de la música barroca francesa. Desde el punto de vista profesional, alcanzó en vida los más elevados honores, siendo el más señalado el de organista y compositor de la corte de Luis XIV, además de profesor de clave de los hijos del monarca (maitre de clavecin des enfantes de France y ordinaire de la musique du roi). Couperin es comúnmente asociado a la época de mayor esplendor del clavecín francés, y es que llegó a escribir más de doscientas piezas para este instrumento repartidas en cuatro libros publicados en 1713, 1717, 1722, y 1730, concebidas para ser tocadas en solitario o en pequeños conjuntos de cámara. No obstante, este creador parisino aún tuvo ocasión de realizar una pequeña incursión en la música para viola da gamba, otro instrumento de sobresaliente popularidad en la segunda mitad del siglo XVII, que se vería desbancado por la familia del violín. Concretamente esta faceta de la obra de François Couperin es la que articula el nuevo disco del conjunto La Bellemont.
Quizá resulta un tanto aventurado hablar de «nuevo disco» cuando la grabación que se presenta data de noviembre de 2015. Y es que los miembros del grupo se toman las cosas con calma. La Bellemont está formado por la gambista Sara Ruiz, la teclista Laura Puerto y por Rafael Muñoz, que toca la tiorba y la guitarra barroca en las pistas del cedé. Adicionalmente, el ensemble ha contado en esta ocasión con una segunda viola da gama interpretada por Johanna Rose, miembro habitual de la formación sevillana Accademia del Piacere y conocida también por su discografía en solitario, como el título Visions du Diable lanzado este mismo año.
La Bellemont nace en 2007 con el objeto, en palabras del grupo, de «conseguir una interpretación del repertorio francés para viola da gamba y bajo continuo basada en el placer por el sonido per se, en la retórica gestual y en un trabajo camerístico especialmente detallado». Con el tiempo el grupo ha ido ampliando su espectro de proyectos hacia programas basados en el Seicento italiano y el Renacimiento español. Este constituye el tercer álbum de su discografía, que sigue la estela de Marais. La voix de la viole (2011), que recibió cinco premios Diapason, y Plaisir Sacré (2014), calificado como «Excepcional» por la revista Scherzo.
Una de las mejores expresiones de la grandeza de François Couperin es la del director y gambista Jordi Savall cuando escribió: «Couperin es el músico-poeta por excelencia, que cree en la capacidad de la música para expresarse con “su prosa y sus versos”. Su amor por el detalle y la precisión, así como su obsesión por la exactitud de los matices, van de la mano de su rechazo a la ópera o a las grandes masas orquestales». Sobre esto último, el haber entrado a servir a Luis XIV en las últimas décadas de la vida del rey evitó que tuviese que componer música escénica -algo que había despertado verdadera pasión en la corte de Versalles- y, de hecho, Couperin no llegó a componer ninguna ópera.
Esta grabación de La Bellemont se centra en las dos suites que integran la obra de Couperin Pièces de violes avec la basse chiffrée, su penúltima publicación de 1728 -cinco años antes de su muerte-, previa a su cuarto y último libro de piezas para clavecín de 1730. Se trata de un título que no recibió excesiva atención en su momento y que durante mucho tiempo fue considerado como uno de los trabajos perdidos del autor, hasta que el musicólogo Charles Bouvet lo redescubrió en la Bibliothèque Nationale de París en 1919.
Como destaca Lucy Robinson en el libreto que acompaña al disco, una de las particularidades que llama la atención de las Pièces de violes es que Couperin no las firma en la portada con su nombre completo sino con las iniciales Mr F. C., algo inusual en un músico consagrado y popular como era él en su época. Una posible explicación a este misterio es que Couperin evitaba de esta manera las comparaciones con los verdaderos maestros del instrumento, como Marin Marais y Antoine Forqueray, dado que esta era su primera incursión en la música con la viola da gamba como protagonista. El musicólogo Laurence Dreyfus considera que «se llegó a sentir algo intimidado por su primer y único intento de adentrarse en el hermético mundo de la viola de bajo solista y, por ello, reacio a identificarse en la portada».
Todo indica que François Couperin tuvo una excelente relación con estos dos grandes gambistas de la época, y, probablemente, recibió influencia de ambos a la hora de componer para el instrumento en cuestión. Parece documentado que tocó repetidas veces con Forqueray, ambos, clave y viola da gamba, como parte del bajo continuo, y una muestra de la estima de Couperin hacia su colega puede ser la pieza que tituló Allemande La Superbe ou la Forqueray en su tercer libro para clavecín de 1722. Con Marais no se sabe si tocó, pero se refiere a él como a «uno de los ilustres de nuestros días» en el prefacio de su segundo libro para clavecín de 1717. Marais fue el primer músico en escribir música para viola da gamba sola acompañada de bajo continuo, y esto pudo haber influido en esta obra de Couperin. Curiosamente, mientras que Marais representa la tradición musical francesa, Forqueray se dejó influir por los aires innovadores procedentes de Italia.
Las dos suites incluidas en el disco tienen poco que ver en sus estructuras. La Première Suite en Mi Menor está compuesta por siete piezas: Prelude, Allemande, Courante, Sarabande, Gavotte, Gigue y Chaconne. Por su parte, la Deuxième Suite en La Mayor solamente contiene cuatro partes y no presenta danzas como la anterior: Prélude, Fuguette, Pompe funèbre y La Chemise blanche. Igualmente, los miembros de La Bellemont han incluido como interludio entre las suites un arreglo de Rafael Muñoz de aquel que realizó Robert de Visée sobre la pieza para clave de Couperin Les Bergeries.
Este disco de La Bellemont nos transporta hasta la cima de la viola da gamba francesa a través de uno de sus músicos menos representativos, que, sin embargo, demuestra en las dos suites su capacidad para sacar todo el espectro de la fuerza expresiva del instrumento en cuestión, desde la alegría desenfadada de la Chaconne ou Passacaille, hasta la hermosa serena gravedad de Pompe funèbre.


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