Bendita locura, por Pablo J. Vayón

Bendita locura, por Pablo J. Vayón

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Estuvo el sábado en la inauguración del Femás con L’Arpeggiata, pero es en su proyecto personal, La Galanía, donde Raquel Andueza es más ella misma.

La soprano navarra se ha convertido en una habitual de los festivales y ciclos de música antigua sevillanos, ya sea cantando polifonía o como solista con grandes conjuntos, y es aquí, en la intimidad de su trío donde muestra con más franqueza su estilo, que conserva la naturalidad en la emisión y la impoluta claridad en la pronunciación de sus actuaciones con el conjunto de Pluhar, pero con una voz más académicamente impostada, menos volcada hacia el tono folclorizante (o pop, como prefieran) que exigen las maneras de L’Arpeggiata.

Sus recreaciones del repertorio español del XVII estuvieron plagadas de detalles, desde los ornamentos en las repeticiones del Yo soy la locura que abrió su recital hasta el tono profundamente dramático de una estupenda -y más tardía- cantata de Literes, con un recitativo de descarnadas disonancias, pasando por la profunda emotividad del Sé que me muero de Lully o el Ojos, pues me desdeñáis de Marín.

Contrastando frescura (esos dobles sentidos de Marizápalos insinuados con gracia, pero sin chabacanería), ternura, refinamiento (deliciosos reguladores en Olvidada soys de mí de Sanseverino) y hondura, puso por encima de cualquier otra circunstancia la transparencia en el decir y los matices retóricos de los textos, que apoyó en un acompañamiento sobrio en el color, pero detallista en las dinámicas y muy eficaz en los juegos rítmicos de las danzas, que completaron una sesión de delicada, elegante y frágil belleza.

Fuente: DiarioDeSevilla.es

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